Cayó el Muro de Berlín. Parecía que el Este de Europa se liberaba del poder soviético. La euforia de recuperar las libertades robadas se apoderaba de los países socialistas. Uno tras otro emprendían una transición a la democracia. Las repúblicas soviéticas reclamaban su independencia y se separaban de la Unión Soviética. En los Balcanes estallaban guerras. Reemergían los estados independientes. Cada país comunista anhelaba una democracia con derecho a dignidad y libertades fundamentales. Los años venideros trajeron otra realidad menos eufórica.
Un día en un lugar de los Balcanes, una abuela decía a sus dos nietas: “He sobrevivido a dos Guerras Mundiales. Conozco penurias y tristezas, privacidades y dificultades. Peor que el comunismo no he conocido. No hay ni habrá. Los cambios han empezado. El problema es otro. Ellos no se irán tan fácil. Aún más dolor y mal causarían. Creí que los vería irse. Yo, no. ¡Ojalá vosotras!”.
Con aquellos “Ellos” se refería a los nostálgicos soviéticos y comunistas que seguían convencidos de que los habían privado de una exclusiva propiedad suya. El dominio de los países del Este y aún más, las antiguas repúblicas soviéticas.
Y acertó. Ellos atacaron a Ucrania. No bastó con invadirla. La agredieron. Provocaron otra guerra en Europa.
Ucrania... Las regiones lejanas que hacían fronteras con las estepas dan el nombre del país. Territorio fronterizo. El nombre desvela el destino. En unas ocasiones estar en los confines facilita una estratégica posición geopolítica. Conlleva ventajas y oportunidades. Beneficia a las poblaciones. En otras situaciones funciona al revés. Las ventajas se vuelven desventajas.
Ucrania conoce los reveses y las adversidades de la tierra fronteriza. Uno de los países del Este de Europa que se quedan al margen y de los cuales poco se habla hasta que algo no ocurra. Cuando ocurre, ocurre a lo drástico. Ofrece imágenes petrificadoras a los de fuera, terror y dolor a los de adentro.
Las causas son varias y una sola. Única, ligada antes a un Imperio, el Imperio Ruso, después a un socialismo soviético y a un inexistente idilio comunista. Radica en sentimientos de poder y subordinación a los intereses rusos cuyas consecuencias se arrastran a lo largo de un entonces y un ahora. Con matices diferentes y muy similares.
Acercarse a Ucrania y comprender al menos algo de lo que está sucediendo, se recomienda empezar con la lectura de su historia. La historia real, no la interpretación y las variaciones de la interpretación. Se entenderían las raíces de las contradicciones profundas y la división interior del país, utilizadas por dictadores y gobernantes a su propio antojo.
Mykhailo Hrushevsky, una de las figuras más destacadas del renacimiento ucraniano a principios del siglo 20, escribió y analizó la historia de Ucrania en una edición de volúmenes extensos, “Historia de Ucrania” (1898). Es la primera obra analítica en la cual el autor se opone a la tesis de que Ucrania era parte de Rusia o Polonia. Hrushevsky se basa en su propia experiencia. En un primer intento, los ucranianos no consiguen establecer un estado independiente en 1917. Ya vendrán otras realidades y represalias con la Revolución de Octubre.
El autor defiende la tesis que se opone con rotundidad a la versión adoptada y adaptada acorde a los intereses rusos. Rusia sostiene que la creada en el siglo 10 “Kievska Rus” ha puesto el inicio del Imperio Ruso. Hrushevsky demuestra que el heredero de aquel primer estado de los eslavos occidentales no es el Principado Moscovita, sino el Principado de Galitsko-Volinsko que mantenía relaciones estrechas con los territorios vecinos.
Así empieza lo malo, tergiversando la narración histórica de un pasado lejano y otro pasado cercano.
Acercarse a los fundamentos de la guerra en Ucrania, se recomienda leer la tipología de los regímenes desarrollada por Juan Linz (“Sistemas totalitarios y regímenes autoritarios”. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales”, Madrid 2009). Se obtendrían conocimientos sobre las peculiaridades de los regímenes totalitarios que dominaban Europa del Este dirigidos desde la Unión Soviética.
La historia siempre transcurre en pretérito. Mas las secuelas del totalitario régimen soviéticos se observan en directo. Y mientras unos son privilegiados de observarlos, otros sufren el terror de las consecuencias de no haber condenado años atrás el comunismo y el socialismo y arrinconar su ideología.
El modo de pensar de Vladimir Putin sería actuar a lo soviético. Nublar la vista adentro, presionar afuera. Su percepción es recuperar los territorios perdidos que continúan considerando parte de la Gran Unión Soviética. El contenido del discurso con el cual se dirigió a los rusos y amenazó a los ucranianos es escalofriante. Ucrania sería el inicio. Vladimir Putin anunciaba al mundo entero que no frenaría con Ucrania. Desea recuperar y subordinar a los países que formaban parte de la Unión Soviética y sus aliados. Y después... Hasta donde decida llegar.
Pasaron treinta y tres años desde la caída del Muro de Berlín. Muchos años para una vida humana, tan poco para la historia. En el Este de Europa el pasado socialista todavía se parece a un ayer cuando todo giraba alrededor de privaciones, limitaciones, escasees y productos socialistas. El capitalismo se describía como algo inhumano. Cualquier huelga en la televisión controlada se presentaba como una guerra en los países capitalistas. Opresión de la población era la definición de un país capitalista. Tan sólo que los oprimidos se encontraban al otro lado, al lado del paraíso comunista.
Mientras unos sufrían en los países socialistas en el Occidente otros idealizaban el comunismo. Nunca lo condenaron, ni antes ni después. Sigue habiendo en los estados democráticos partidos y políticos que lo apoyan, defienden y se niegan a condenarlo. Por miedo no tanto. Más por cobardía. El miedo se supera, la cobardía nunca.
Una guerra acaba bien sólo cuando la diplomacia consigue no dejarla avanzar. Se le ha de reconocer, en la guerra de Ucrania la diplomacia hace lo inimaginable. Más no se le concedió suficiente margen. Le tocó a los ucranianos.
Ante el estupor y el horror de la guerra, los ucranianos consiguieron lo que no se consiguió en treinta y tres años. Unieron al mundo entorno a una causa. La Unión Europea es más Unión Europea de que nunca lo haya sido. A los países del Este Europa se mira como al escudo ante el peligro que amenaza a los demás y no se dejan solos a su propia suerte ante el agresor. Unieron a los gobiernos a coordinar medidas y oponerse a Putin como ni siquiera él se lo esperaba.
La gente en la calle no dejará de protestar. No se cansará de apoyar a Ucrania. Necesita el apoyo de quienes pueden llevar aún más allá la indignación. Quizás sea ingenuo, quizás sea posible. Quizás provoque un resultado. Se les ocurre a tantos ucranianos, se nos ocurre a otros ante el terror. Hay tantos rusos ricos con cuentas bancarias y propiedades millonarias en Europa y Estados Unidos. Con tan sólo expropiar y bloquear el acceso a los bienes de los oligarcas rusos, habrá dinero suficiente para recuperar Ucrania entera.
La guerra de Ucrania no es la guerra de los ucranianos. Es nuestra guerra. Los ucranianos luchan por ellos y por nosotros. Por la libertad de Europa y la estabilidad mundial. Apoyarlos y ayudarlos, significa salvarnos a nosotros mismos.
Ocurrió en la primavera de 1974 en otro lugar y en otros confines del Sur de Europa. Los militares se negaron a luchar en las colonias y bajaron las armas. Con un clavel en los fusiles y una canción pusieron fin de las conquistas coloniales de un dictador y marcaron el final de una dictadura. Los soldados devolvieron la democracia a los portugueses y liberaron a los que los veían como invasores.
Sería tan simple, tan conmovedor. Ver a los soldados rusos bajar las armas y negarse a continuar. Coger unas semillas de girasol, entonar una canción e ir a plantarlas por los lugares por donde pasaron, por donde ucranianos y rusos perdieron la vida. Y dar un nuevo símbolo del siglo 21 que simbolice el fin del Mal y la Paz. El girasol, eternizando la liberación de los ucranianos y los rusos del mismo dictador.
Sería una versión de un final feliz... Ucrania, tierra fronteriza, lo mejor está por venir... Лучшее, конечно, впереди!
Tantos niños, ucranianos y rusos y de los países de Europa del Este, crecieron con un alegre cocodrilo Guena quien canta en una de sus canciones:
Медленно минуты уплывают в даль
Despacio se desvanecen los minutos en la lejanía
Встречи с ними ты уже не жди
No esperes encontrarlos más
И хотя нам прошлое немного жаль
Y a pesar de estar muy tristes por lo ocurrido
Лучшее, конечно, впереди
Lo mejor, seguro, está por venir
B.S.
el 26 de febrero de 2022
el 2 de marzo de 2022
La Casa del Bosque